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Por qué las organizaciones actuales no sirven al micronacionalismo

17 junio, 2011

Cuando se forma una organización en torno a una causa, esta se hace eco de su existencia, a la vez que difunde los problemas que impulsaron la formación de ese grupo; intenta informar a la población sobre estos problemas, despertar interés, y conseguir más gente que se adhiera a su causa. Además, pese a las diferencias obvias que hay entre todos los adherentes en diversos aspectos, existe apoyo mutuo y colaboración en lo que respecta a esa causa, sin enfocarse demasiado en pormenores o puntos simplemente irrelevantes que pudieran generar división, pues ello resultaría nocivo para todos en conjunto y para la causa en su totalidad.

Sin embargo, pareciera que el micronacionalismo, aún cuando está tan poco desarrollado y difundido (especialmente en el ámbito hispano) y necesita crecer, no intenta aplicar estos puntos. Desde que formo parte del movimiento micronacional hispano, únicamente he visto surgir y crecer organizaciones que se organizan como macroestados con sus “presidentes” y sus leyes, “apretando” a las micronaciones y tratando de moldearlas para que encajen en modelos cada vez más restringidos. Organizaciones que, dicho sea de paso, al ser pocas y grandes, a veces son confundidas con el micronacionalismo mismo, y actúan en consecuencia. Estas organizaciones, mantenidas como están, difícilmente puedan hacer muy bien al micronacionalismo, considerando que adoptan modelos siempre tendientes a la homogeneización y simplificación del conjunto de micronaciones, y que requieren de medidas impositivas que lejos de generar crecimiento y desarrollo, hasta pueden frenarlo. ¿Cuáles son los errores que se cometen en las grandes organizaciones?

Las organizaciones micronacionales predominantes tienen modelos estructurales similares a los macroestatales. Tienen una estructura piramidal, con la figura de Secretario General en la cima y diversos funcionarios en medio, encargados de diferentes ámbitos del funcionamiento de la organización, que ejercen por períodos determinados de tiempo y tienen cierto grado de autonomía para decidir por su cuenta sobre políticas de la organización. Tanto la elección de cargos como el sistema legal se basan en la decisión de la mayoría; si de 10 personas 7 votan por una resolución o por un candidato, estos se aprobarán y pasarán a ser obligatorios para todos los miembros de la organización, por lo que habrá tres que serán forzados contra su voluntad a cumplir con una ley con la que no acordaron o responder a un funcionario al que no votaron, y sin necesidad alguna, pues de adoptarse un sistema de adhesión voluntaria los micronacionalistas podrían proponer y adherirse libremente a los diferentes reglamentos que pudieran surgir, así como designar según crean apropiado a delegados que los representen en uno u otro ámbito. Un sistema de redes de asociación voluntaria basadas en documentos aprobados por todas las partes permite a todas las micronaciones decidir igualmente sobre su destino, sin depender esto de la pertenencia o no a un grupo mayoritario dentro de la organización, y sin que ello vaya en perjuicio de la colaboración con diferentes círculos de micronaciones en diferentes aspectos. Por ejemplo:

Suponiendo que A, B y C son micronaciones miembro de la organización O: si A y B pero no C están de acuerdo en la adopción de una política X, A y B firman un documento al respecto, al que se puedan adherir otras micronaciones que acuerden; el hecho de que C quede excluida de este acuerdo no impide que B y C puedan firmar un acuerdo común estableciendo un reglamento común para adoptar la política Y, al que A no adhiere si no quiere; lo mismo ocurre si A y C acuerdan otra política común Z. Aquí todos los miembros pueden, estando en la misma organización, elegir qué políticas aplicar, mientras en un sistema como el que se aplica actualmente, la organización O adopta las políticas X, Y y Z, todas por mayoría, y todos los miembros deben acatarlas por igual; al mismo tiempo, si una micronación cualquiera sale de O por estar en desacuerdo con una política, pierde los beneficios de las otras dos (y de la colaboración con las otras micronaciones en la aplicación de estas políticas), por lo que se ve normalmente forzada a quedarse.

Además, aplicando tal sistema, dentro del mismo ámbito pueden surgir diferentes propuestas y alternativas sobre el mismo tema, por ejemplo, varios sistemas económicos diferentes, o varios instrumentos legales que regulen determinado aspecto, cosa que no pasa si toda la organización se debe decidir por una sola forma de hacer las cosas. Además de ofrecerse más alternativas y más libertad de asociación, al permitirse la adopción y prueba simultánea de varias formas de tratar determinado tema, es más fácil comparar y decidir la viabilidad o no de las mismas, en general y según los proyectos micronacionales particulares.

Esta es la lógica del micronacionalismo mismo, la de libre adhesión a proyectos políticos alternativos, pero aplicada a las regulaciones intermicronacionales.

Se podría decir en realidad que la estructura que se adopta en las grandes organizaciones es más propia de una micronación que de una organización de micronaciones; estas organizaciones son en realidad más similares a confederaciones en las que los miembros tienen un alto grado de autonomía, pero manteniéndose una especie de gobierno central. Este modelo no sirve para organizar al micronacionalismo, de la misma forma que ninguna macroestructura con muchas atribuciones es capaz de organizar tan alto número de individualidades o proyectos (que es la razón por la que las micronaciones, con sus ciudadanías reducidas, pueden organizar mejor a las personas que un Estado que gobierna a millones por igual).

No solo eso, sino que incluso se llegó a desarrollar “nacionalismos” de las organizaciones, cuando se formaron bloques definidos de micronaciones (sin más afinidad entre ellas que la pertenencia a una misma organización, pues realmente se daban casos en los que una micronación de un bloque era más parecida a otra del bloque antagonista que a las de la propia organización) que se criticaron entre sí y se aislaron diplomáticamente.

Al respecto y ya sin meterme en la estructura y funcionamiento interno de la organización, existe algo más que considero un error (aunque admito que alguna vez luché por ello), y es que las organizaciones micronacionales, que se han convertido en instituciones privadas y cerradas, aplican criterios dudosos para admitir o no a sus miembros. Criterios que muchas veces entran en choque directo con la naturaleza de los proyectos micronacionales, que se supone que es algo que debería ser respetado para garantizar el pluralismo y la tolerancia. Dudosos digo, pues muchas veces estos criterios ni siquiera tienen algo que ver con el buen funcionamiento de las organizaciones. Por ejemplo, aunque no esté escrito en ningún lado, cosas como la formalidad y elegancia de las micronaciones, desde la que se ve en los símbolos patrios hasta la que muestren sus representantes en su forma de hablar, influyen de alguna manera en la postura de los miembros de las organizaciones ante la petición de entrada de una nueva micronación. Otra cosa por ejemplo es qué tan “realista” es una micronación; si hay dos micronaciones sin territorios bajo control efectivo, pero una dice tener un territorio en un continente supuestamente ganado en una guerra de independencia contra una macronación, y otra dice tener un territorio en el espacio exterior ganado en una guerra contra un imperio galáctico alienígena, es probable que la primera sea reconocida sin más problemas, y la segunda sea tachada de “no seria”, de juego, de nociva para el micronacionalismo incluso, cuando en los hechos ambas son exactamente lo mismo. Esos son criterios puramente estéticos, que no influyen en el desempeño de la micronación ni de la organización a la que pertenezca, pero sí contribuyen a dar una imagen de organización, quizá, más “madura” (léase, más tradicionalista y cerrada, y si se quiere, más parecida a las organizaciones macronacionales y por eso más “seria”).

Y además de esos, existen otros criterios que gozan de más popularidad entre los micronacionalistas, que pretenden mostrarse como influyentes en la actividad y concordia micronacional, pero no lo son, y hasta pueden tener el efecto contrario. Esos son los que definen a la típica “micronación seria”: las micronaciones tienen que respetar los derechos humanos, tienen que ser democráticas, tienen que tener una constitución o un sistema legal, símbolos nacionales, etcétera, etcétera (incluso, y esto no con una micronación hispana sino lusófona – porque esto ocurre en todos los micronacionalismos – me han pedido como muestra de “seriedad” que antes de firmar un tratado adhiriera a instrumentos del derecho internacional macroestatal!).

Y si digo que estos requerimientos no son relevantes para la concordia micronacional es porque incluso si se trata de las micronaciones probablemente peor vistas, las micronaciones fascistas y estalinistas, éstas siguen siendo micronaciones, y por lo tanto imagino que la gente es libre de decidir no entrar o salirse de ellas si valora sus propios derechos, por lo que nadie que no quiera ser perjudicado lo resultará; eso sin contar que micronaciones democráticas pueden sin duda tener actitudes imperialistas y bélicas, y que la ambición de apropiarse del mundo no es intrínseca a las ideologías totalitarias.

Este modelo de micronación ideal es prácticamente una copia del modelo de Estado más común hoy en día. Nuevamente, da la impresión de que las micronaciones tienen que ser macroestados pequeños para ser “serios” y aceptados, y en una u otra ocasión hasta han sido usados por quienes se atribuyeron el derecho de definir qué es y qué no es una micronación para despojar de su legítimo título a las micronaciones que no se unieran a la corriente mayoritaria.

Este filtro innecesario no sólo es infundamentado y consume tiempo y esfuerzo, sino que además resulta nocivo; es evidente que, cuando menos, genera división entre las micronaciones hispanas. Aunque quizá no lo parezca, el reconocer, no digo colaborar activamente, pero sí reconocer y brindar las mismas oportunidades a micronaciones diferentes es fundamental para que el movimiento en general crezca, y con él cada tipo de micronacionalismo en particular.

En primer lugar ningún tipo de micronacionalismo prosperará por sí solo más que si todas las micronaciones de todos los tipos se integraran en un movimiento único. El micronacionalismo está bastante poco difundido a nivel general entre los macroestados, y centrar los esfuerzos en remarcar las divisiones no hará que la situación mejore. Por el contrario un movimiento unificado tiene posibilidades de éxito mucho mayores. Y al dar a conocer el micronacionalismo, se dan a conocer todas las micronaciones, en todas sus variantes, por lo que cada una de ellas se ve beneficiada. Por otro lado, el unificar a las micronaciones en un solo ámbito en el que se puedan comunicar e interrelacionar facilita no sólo la localización y contacto con micronaciones afines, sino también el intercambio de opiniones y el debate entre micronaciones de diferentes corrientes. Esto, como cualquier debate entre partidarios de diferentes posturas, ayuda a un entendimiento más completo de los distintos proyectos, y permite incluso aprender cosas que se pueden aplicar a las propias micronaciones, porque más allá de las diferencias, siempre pueden existir puntos comunes entre dos proyectos mayormente distintos, y el extenso contacto con una gran variedad de proyectos puede además traer nuevas ideas y enfoques que no hayamos considerado antes y que, siendo adaptadas a nuestras micronaciones, pueden favorecer al desarrollo. Y no solo eso; de hecho siempre existe la posibilidad de que un tipo de micronación que inicialmente tiene una orientación cambie su rumbo y adopte otra. Sin ir más lejos, yo llegué al micronacionalismo liderando un imperio, y solo me decidí por formar una república democrática luego del contacto activo con otras micronaciones, para mantener desde entonces a la democracia como eje central de mi actividad micronacional. Imagino que incluso comenzaron así varios de los proyectos que hoy pueden ser considerados referentes micronacionales por su nivel de desarrollo y compromiso. Siendo dicho todo esto, aún cuando dos proyectos distintos jamás colaboren entre sí de ninguna forma, y a diferencia de lo ocurrido con las organizaciones actuales, el pertenecer a la misma organización que otra micronación no obliga a adoptar las mismas políticas ni el mismo rumbo, y las características de un proyecto no tienen ninguna incidencia en los demás (cosa que sí ocurre cuando entre todos deben votar por una única opción y la mayoría impone innecesariamente su voluntad forzando a los sectores minoritarios a torcer el rumbo o abandonar la organización).

En resumen, el modelo actual de organización no logra ni logrará promover, difundir, organizar o potenciar eficientemente al micronacionalismo, y son necesarios varios cambios de base para lograr una organización óptima:

- Libre adhesión a las políticas, designación libre y particular de delegados y representantes por parte de cada micronación, y la consecuente multiplicidad de alternativas en cuanto a la reglamentación de cada aspecto de la vida micronacional. Reemplazo de las estructuras jerárquicas intermicronacionales por una estructura horizontal, con la asociación voluntaria y no la imposición como base de la organización.

- Pluralidad de proyectos micronacionales, objetividad en la toma de decisiones y respeto por las diferentes micronaciones, para asegurar la coexistencia pacífica.

- Fusión de las organizaciones micronacionales, no en una gran organización jerárquica, sino en una red libre e interconectada de micronaciones, que base su funcionamiento general en un espacio abierto y común de debate, información y organización, en un foro, una página o cualquier otra plataforma, facilitando el contacto intermicronacional general para luego poder desarrollar relaciones bilaterales más adecuadas si es necesario y fortaleciendo la noción de movimiento unido ante el exterior.

Pero si las organizaciones de hoy son tan nocivas, ¿qué sentido tendría fundar una nueva gran organización que intente unir a las micronaciones? ¿No es más de lo mismo? ¿No sería mejor directamente dejar a las micronaciones desligadas de cualquier organización y que se organicen por sí mismas?” En realidad una nueva organización concreta sería de todas maneras necesaria, ya que si bien aglutinar a las micronaciones sin criterios adecuados no ayuda, tampoco lo hace desarticular completamente el movimiento, pues eso causaría más división y lo llevaría a desaparecer rápidamente. No sirve desorganizar a las micronaciones, sino reorganizarlas. En todo caso va a ser necesaria la presencia de gente que se encargue de construir este espacio común y fomentarlo, darlo a conocer. Y no será suficiente con eso; siempre respetando la libertad de las micronaciones, es importante mantener este espacio en condiciones para que la actividad intermicronacional que en él se desarrolle sea óptima. Difícilmente resulte atractivo ni útil un lugar en el que existen montones de micronaciones pero reina la inactividad, o en donde hay gente que se intenta “adueñar” del micronacionalismo. Por eso propongo solo dos tipos de intervención “superior”, que lejos de refrenar el crecimiento micronacional, deben servir para garantizar que las micronaciones mismas no lo hagan, y mantener todo en las mejores condiciones para favorecer el desarrollo:

- Reglamentación referente a la actividad: Puede haber infinidad de proyectos, pero ninguno puede escapar al hecho de que tienen que tener continuidad en el tiempo para existir, por corta que sea. La actividad de una micronación, por eso, puede ser mantenida con independencia absoluta del proyecto que se haya elegido, por lo que es algo que se puede exigir, como simple muestra de compromiso. Por otro lado, el mantener publicaciones o registros antiguos junto con los recientes, o que figuren micronaciones inactivas junto a las activas, entorpece y dificulta la utilización del que sea el espacio común intermicronacional. Por lo tanto es conveniente borrar todo tipo de registro inútil o irrelevante, entre ellos, las micronaciones que durante cierto tiempo no hayan presentado actividad, para que permanezcan solo las que sean activas. Sería ideal también desarrollar un proceso que permita realizar esta tarea de limpieza fácilmente y que elimine la necesidad de establecer un tiempo mínimo de existencia antes de empezar a participar, pues micronaciones que originalmente y por sí solas no tendrán mucho éxito, pueden convertirse en importantes micronaciones en el futuro gracias a la interacción con otros y la intervención en proyectos colaborativos.

- Detener intentos de intervención ilegítima: El garantizar libertad e independencia generales no consiste en permitir que todos hagan lo que se les dé la gana, sino de asegurar que todos por igual tendrán las mismas oportunidades de desarrollarse, con la máxima libertad posible, pero sin interferir con la de otros. La integridad de las micronaciones es esencial para que puedan ejercer su libertad. Por eso, es importante para mantener la libertad de las micronaciones frustrar cualquier intento de injerencia ilegítima de una micronación en otra. Esto incluye desde una intromisión en la política interna, hasta las guerras. Debe ser tratado como intervención ilegítima cualquier acto que influyera en una micronación cuando esta micronación no esté de acuerdo. Por lo tanto no debe ser confundida con la noción de paz intermicronacional; pues puede pasar, como ya ha ocurrido, que dos micronaciones se involucren, ambas voluntariamente, en una guerra, ficticia o no, caso en el cual al haber acuerdo mutuo no existe una intervención no autorizada. En cambio, una invasión de una micronación a otra sí debe ser refrenada. Este punto mismo supone de hecho interferir sin autorización en la actividad de otra micronación, pero como únicamente se daría como último recurso y para evitar otra interferencia, es justificable y ha de ser la única excepción que se permita.

Al no haber estructuras jerárquicas, estas medidas deben ser forjadas de común acuerdo entre los miembros mismos.

Para finalizar, al tratarse esta de una organización/red para el micronacionalismo, existe un último punto que es sumamente importante para asegurar la continuidad del mismo. Esto es, la difusión del micronacionalismo mismo, como movimiento, en el ámbito hispano. Dentro de esta organización surgiría un grupo de micronacionalistas cuyo objetivo sería ese, el de dar a conocer esta actividad macronacionalmente, para favorecer la llegada de nuevos micronacionalistas y micronaciones y su contribución a este movimiento. Este es un punto en el que mayormente han estado fallando o han ignorado las organizaciones micronacionales actuales, y que no debería perderse de vista para asegurar estabilidad y actividad permanente, y eliminar el fantasma de la inactividad, un problema que ha castigado al micronacionalismo desde siempre.

La división y los problemas internos son un obstáculo mayúsculo para el desarrollo micronacional general, y el de cada uno de los diferentes tipos de proyecto micronacional. La única esperanza que tiene el micronacionalismo para despegar de forma definitiva y convertirse en un movimiento fuerte es abandonar las diferencias irrelevantes que tantos problemas y enfrentamientos han causado hasta ahora, conciliarse y trabajar en una misma dirección centrándonos en las similitudes sin dejar de respetar las diferencias. Y necesitamos una nueva forma de organización que lo posibilite y permita al movimiento avanzar al siguiente nivel.

2 comentarios dejar un →
  1. 18 junio, 2011 21:21

    Por fin! alguien que me entiende en el tema de las org. micronacionales. Muy currado el artículo y un gusto a verlo leído.

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