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Aceptación de las realidades micronacionales y digitalismo práctico

29 marzo, 2012

Estuve leyendo el debate que se estuvo dando sobre el digitalismo y el somatismo en estos días, la verdad que me pareció un debate interesante hasta donde llegó como tal, con muy buenas intervenciones, variadas, algunas con las que concuerdo más y otras menos, pero en fin, me gustaba cómo empezó todo. Quería esperar un poco y preparar un análisis más detallado sobre algunas cuestiones de las que quería hablar, pero viendo cómo todo se volvió un desmadre de insultos decidí opinar ahora, para dejar más o menos clara mi posición particular. Seguramente me deje algo olvidado porque voy a escribir como se me vayan ocurriendo las cosas, por la misma razón mi redacción seguramente no será la mejor, pero no puedo esperar. Por un lado no me voy a arriesgar a que me metan en bolsas a las que no pertenezcom a la vista de cómo se dan las cosas; por otro lado puede ser (y espero) que algo de lo que diga reanime el debate y se pueda tratar la cosa de forma seria otra vez. Primero hablaré sobre la supuesta autoridad sobre las definiciones y clasificaciones micronacionales, y luego sobre el digitalismo actual y su incapacidad para plantear una alternativa, así como la necesidad de adoptar un nuevo digitalismo práctico.

Quiero empezar a hablar en primer lugar sobre el tema de qué es y no es micronación, y que es micronacional y anti-micronacional, cosa que siempre sale de algún u otro lado en este tipo de debates. Yo ya mencioné por qué ninguna entidad micronacional, sea del tipo que sea, tiene hoy por hoy  autoridad ni derecho para legislar sobre estas cosas, y concluí que el micronacionalismo está conformado más allá de cualquier definición “de derecho”, es un fenómeno que nace desde la gente misma y no está sujeto a ningún tipo de autoridad. No está demás repetir por qué es así, vamos, todas las micronaciones son proyectos que fueron fundados de la nada, sin pasar por la verificación de ninguna entidad emisora de certificados de micronacionalista, todos vinieron y dijeron “yo soy micronación” así sin más. Como mucho nos guiamos por otros proyectos, que también fueron fundadas de esa manera. ¿Cuál es la autoridad oficial entonces? Hasta ahí sabemos que no hay, por lo menos en la actualidad. La prueba más clara es que si hubiera tal cosa no existiría discusión sobre qué es o no micronación, micronacional, etc…

Eso no quiere decir que nunca vaya a haber autoridad, después de todo siempre se puede crear una autoridad mediante el consenso, que así es como surgen todas las autoridades. Pero ¿qué consenso se puede obtener si los que estamos en el círculo OMU-UME-los que odian a la OMU y a la UME, digo, los que sabemos los unos de los otros de largo tiempo y tenemos posibilidad de consensuar, somos una ínfima parte del universo micronacionalista? Suponiendo incluso que todos nosotros nos pongamos de acuerdo siempre van a estar los cientos de micronacionalistas que se llamen a sí mismos micronacionalistas, y allá fue nuestra autoridad. Porque somos minoría, y el apoyo de la mayoría es lo mínimo necesario para erigirnos como autoridad. Y esa mayoría hoy es de un simulacionismo radical. Y todo eso sin contar que el puñado de micronacionalistas que somos nosotros ni siquiera se puede poner de acuerdo entre sí sobre estas cosas.

Dicho sea de paso, este simulacionismo surgió con fuerza cuando surgió la Internet, que da una facilidad extrema para crear micronaciones, por lo que tampoco podemos esperar desterrarlo de ninguna manera. Yo no sé si algún día el boom de las micronaciones simulacionistas se acabe y el micronacionalismo tenga una cara diferente al público general, pero sé que no va a ser gracias a nosotros si acaba, y que no tenemos ni derecho ni poder, para hacer algo al respecto. Con todo esto voy a que el simulacionismo en todos sus grados llegó y se queda hasta que factores externos determinen su fin, y lo único que podemos hacer nosotros ahora es aceptarlo como micronacionalismo que es, y partir de esa realidad para construir nuestros conceptos y actividades. El micronacionalismo anglosajón que muchos toman como modelo tiene una categorización que recoge a todas las micronaciones posibles como tales. Esto es imprescindible si se quiere lograr consenso. Antes de intentar cambiar la realidad a partir de las ideas, estudiemos la realidad, veamos nuestra situación y organicemos en base a eso. Es lo único que puede derivar en algo productivo.

Con esto desde ya no quiero llamar la atención sólo a los somatistas que dicen que las micronaciones simulacionistas (¿digitalistas?) no son micronaciones, sino también (y esto me parece más extraño) a los simulacionistas que dicen que las micronaciones más simulacionistas no son micronaciones. Porque ya tocó ver varias veces que cuando uno critica esa división entre el que simula poco y el que simula mucho, aunque todo lo que hay de respuesta son argumentos subjetivos y basados en impresiones personales, la cosa sigue igual. Lo que es “un poco” y lo que es “mucho”, curiosamente, depende por lo general del grado de simulación del propio proyecto. Así es que hace tan poco como 3 o 4 años, cuando entré yo al micronacionalismo, la simulación era aceptable si se incluían tanques y barcos en guerra, pero no si se incluían naves espaciales. Hoy es aceptable si se incluyen edificios y plazas, pero no si se incluyen tanques y barcos en guerra. Eso no es medición objetiva, es opinión personal, y esos límites que se plantean no sirven en absoluto para conceptualizar sobre el micronacionalismo, clasificar al micronacionalismo y pretender obtener consenso. Así es que los límites dentro del simulacionismo son una cuestión extremadamente difusa e imposible de definir, y siempre lo serán. No lo digo con el fin de intentar deslegitimar a las micronaciones simulacionistas, todo lo contrario, querámoslo o no, como ya dije, el simulacionismo es micronacionalismo. Esto por supuesto no quiere decir que tengamos que llevarnos bien con todos los otros micronacionalistas ni mucho menos, sino admitir las realidades para poder empezar a movernos de verdad.

En resumen, tenemos un mundo micronacional diverso en donde predomina el simulacionismo de todo tipo, y es en ese mundo donde existimos y debemos actuar. Es ese el mundo que debemos clasificar y estudiar cuando demos definiciones, alrededor las cuales construiremos organizaciones, bloques y uniones, y en definitiva llevaremos adelante toda la vida del micronacionalismo.

Dicho esto, y en segundo lugar quería hacer autocrítica del digitalismo. No se puede negar que el micronacionalismo digitalista, como formador de alternativa, viene haciendo demasiado poco. Pero creo que sí es posible conformar una alternativa real desde el digitalismo, en el sentido en que lo entiendo yo, con el que seguramente otros no concuerden.

Antes que nada, la territorialidad a mi parecer no es ningún indicador de cambio, yo puedo independizar mi habitación formalmente y quedarme en eso toda la vida, que tampoco es oposición de ningún tipo al macroestado y los macroestatistas – no digo esto porque crea que las micronaciones somatistas no hacen nada ni nada parecido, nada más alejado de la realidad, yo sé que trabajan bien duro por sus proyectos, aclaro por las dudas, pero a lo que voy en cambio es que juzgar a una micronación por su plataforma principal de interacción no tiene tanto sentido como hacerlo en función de la actividad útil que estas generen. En nuestro caso, para plantear una alternativa a los macroestados, en otros casos para cumplir los objetivos micronacionales de cada uno.

Yo soy digitalista, me defino como digitalista, y creo que el digitalismo es un modelo en el cual las micronaciones se conforman sobre una base social antes que territorial, sin dejar necesariamente fuera del ámbito micronacional la vida física, siendo posible conformar micronaciones que funcionen como redes de ciudadanos interconectados actuando cada uno en su propio radio de acción territorial en pos del objetivo micronacional. Y es este tipo de micronación el que a mi criterio tiene mayor posibilidad de conformar una alternativa en todos los sentidos.

No me voy a meter con la definición de secesionismo, qué es y qué no es secesionista, porque aunque hasta donde sé todos los autodenominados secesionistas sí estamos conviviendo en un mismo ámbito, y podríamos llegar a consenso sobre estas definiciones como lo hay en otros lados sin entrar en conflicto con nadie, dudo que se pueda lograr con tan poca voluntad de debate. En años no hubo consenso con qué es micronación y qué no, y no lo va a haber con esto. Por ahora las definiciones son para problema así que etiquetas aparte, yo me termino de decantar por un micronacionalismo que impacte en el macromundo para constituir una alternativa, o por lo menos se mantenga en ese camino, el de lograr una independencia y autonomia progresiva respecto del macromundo.

Yo simulé y eso fue casi mi única actividad en el micronacionalismo durante mucho tiempo, pero llegué a la conclusión de que el simular por simular, como objetivo en sí y como totalidad de la actividad micronacional, debe quedar desde ya descartado como medio para la secesión de ningún tipo, y en realidad creo que hablo por todos al decir esto. Es que simplemente el mantenerse completamente aislado del macromundo no es forma de cambiarlo, y de eso entienden quienes aunque simularan economías y territorios también llevaron a cabo actividades macroestatales. El primer ejemplo que se me viene a la cabeza es el Reino de Buenos Aires, que creó una bolsa de trabajo en donde recopilaba trabajos disponibles en la provincia argentina para brindar un servicio real a la comunidad. Así, me parece deseable un digitalismo práctico en el que ciudadanos alrededor del mundo con un mismo objetivo intercambien recursos para lograrlo (en nuestro caso, recursos para la independencia respecto del macroestado, como información, y en los casos que sea posible bienes y servicios), sin estar atados a un lazo territorial, pero sin dejar la territorialidad de lado.

Ahora, más allá de reconocerlo, queda consolidar este digitalismo práctico, que si existe es más que nada como proyecto, y cuyo desarrollo en todo caso es ínfimo. Demasiado tiempo se pierde en cuestiones formales, muchas veces irresolubles, cuando tenemos la posibilidad de trabajar de forma mucho más producente. Queda organizar iniciativas que permitan llevar adelante este tipo de digitalismo tanto a nivel local como intermicronacional. Quizá para eso primero sea necesario también replantearnos las categorías actuales, que son excluyentes y propensas a causar choque en lugar de consenso; ninguna actividad coordinada a gran nivel entre las micronaciones tendrá mucho éxito sin un marco común que tome como base a la realidad y desde el cual se pueda organizar la acción micronacional.

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Sobre las acusaciones de Luis Felipe Lugo

17 marzo, 2012

Hoy leí en la Gaceta de El Dorado una noticia sobre el primer aniversario de la constitución doradina, en primer lugar quiero felicitar a El Dorado por este importante logro, otra de tantas muestras de su seriedad y compromiso con su proyecto micronacional.

La noticia en general causa júbilo, pero al leerla me llamaron la atención algunas de las palabras que pronunció su jefe de Estado, Luis Felipe Lugo:

“Hoy hace un año, dimos ejemplo de democracia al micronacionalismo. Desafortunadamente es aquella democracia que no han visto los estudios sectaristas donde para ellos, una micronación inactiva pero con “democracia” directa es mas importante que una micronación activa, con un orden democrático y una democracia participativa elegida popularmente.”

lo cual parece hacer una referencia clara al Índice de Democracia en Micronaciones publicado por la Academia de Estudios Micronacionales “Mía Torres de la Vega”, en Asgaria, algunas semanas atrás, en el que Nueva Altaria (la única micronación con democracia directa evaluada en el estudio) adquirió una puntuación superior a la de El Dorado. Primero, es injusto calificar al estudio de “sectarista”, al haber sido realizado de forma seria; todos conocemos cómo trabajan los asgarios, y no es difícil saber que si hay errores en su trabajo es seguramente por falta de claridad o información, nunca por mala intención. Por otro lado, debo refutar también las acusaciones que se hacen a nuestra micronación.

En primer lugar se califica a Nueva Altaria de micronación inactiva. Sí debo reconocer que como responsable (hasta ahora) del principal medio de comunicación – y ventana entre la micronación y el mundo – he sido descuidado y permití que pasara demasiado tiempo sin ofrecer noticias de la actividad interna, más cuando no sucedieron en realidad en el último tiempo muchas cosas que pudieran interesar al público a nivel intermicronacional. Sin embargo eso no quiere decir que hayamos estado inactivos; la actividad siempre se mantuvo constante. A lo largo de su historia nuestra micronación ha tenido en promedio mucha más actividad interna que externa, y una reducida parte de las actividades realizadas entre los ciudadanos suele salir al público; aún cuando hubo un foro público para intentar evitar este problema, así como ahora existe otra plataforma, nunca terminan siendo los únicos canales de comunicación y se terminan dejando para cosas más importantes por lo que mucho de lo que pasa queda inevitablemente afuera. La incorporación de una red social algunas semanas atrás también intenta paliar este problema, ofreciendo la posibilidad de una mejor comunicación bilateral entre los miembros.

De todas maneras, es entendible que desde afuera se interprete esta falta de noticias como lo que no es; no hay forma de saber lo que ocurre en la micronación si no se comunica claramente al exterior.

Por el contrario, lo que me llama más la atención es el cuestionamiento de la calidad democrática de Nueva Altaria y las democracias directas, cuando la democracia, entendida como la libertad política de los ciudadanos, siempre fue el pilar principal de toda la actividad del país, el eje de todos los modelos políticos aplicados y es considerado un elemento definitorio de Nueva Altaria misma como micronación – el más definitorio, de hecho.

No es posible entender a Nueva Altaria sin democracia. Todos los mecanismos aplicados en el país están diseñados para dar las mayores libertades posibles a los ciudadanos, entre ellas las políticas; cada uno de los ciudadanos es consultado a la hora de tomar una decisión que afecte a todos como micronación, y si no desea participar directamente es completamente libre de elegir a representantes que considere calificados para decidir por él o ella. Las normas generales de Nueva Altaria se mantienen flexibles para posibilitar a los ciudadanos organizarse como crean más conveniente; los ciudadanos pueden realizar su visión política, sea cual sea esta, en conjunto con los que piensan igual que ellos sin entrar en conflicto con las normativas nacionales (un conflicto resultaría de hecho imposible ya que hace falta la aprobación de todos los involucrados). Al contrario de lo que muchos piensan el sistema de consenso, en el que un ciudadano puede frustrar una normativa general aprobada por todos los demás, no es una limitación, ya que quienes estén de acuerdo en una iniciativa pueden aplicarla de forma particular y no sería diferente (después de todo, la Asamblea General sólo es una asociación mayor, que incluye a todos los ciudadanos, y sólo por eso tiene poder sobre todos los ciudadanos). La única norma que no puede cambiar – y esto por moción directa de la totalidad de los ciudadanos, sin la imposición de nadie y sin mediación de representantes – es aquella que instaura la democracia absoluta, y que prohíbe cambiar las estructuras de forma que pudiera existir la posibilidad de que unos se impongan sobre los otros. Se puede criticar a nuestra micronación por muchas cosas, pero no por falta de democracia.

Quería aclarar estas cosas para despejar dudas sobre nuestro proyecto si aún las había, con esto espero solucionar malentendidos.

 

Por qué las organizaciones actuales no sirven al micronacionalismo

17 junio, 2011

Cuando se forma una organización en torno a una causa, esta se hace eco de su existencia, a la vez que difunde los problemas que impulsaron la formación de ese grupo; intenta informar a la población sobre estos problemas, despertar interés, y conseguir más gente que se adhiera a su causa. Además, pese a las diferencias obvias que hay entre todos los adherentes en diversos aspectos, existe apoyo mutuo y colaboración en lo que respecta a esa causa, sin enfocarse demasiado en pormenores o puntos simplemente irrelevantes que pudieran generar división, pues ello resultaría nocivo para todos en conjunto y para la causa en su totalidad.

Sin embargo, pareciera que el micronacionalismo, aún cuando está tan poco desarrollado y difundido (especialmente en el ámbito hispano) y necesita crecer, no intenta aplicar estos puntos. Desde que formo parte del movimiento micronacional hispano, únicamente he visto surgir y crecer organizaciones que se organizan como macroestados con sus “presidentes” y sus leyes, “apretando” a las micronaciones y tratando de moldearlas para que encajen en modelos cada vez más restringidos. Organizaciones que, dicho sea de paso, al ser pocas y grandes, a veces son confundidas con el micronacionalismo mismo, y actúan en consecuencia. Estas organizaciones, mantenidas como están, difícilmente puedan hacer muy bien al micronacionalismo, considerando que adoptan modelos siempre tendientes a la homogeneización y simplificación del conjunto de micronaciones, y que requieren de medidas impositivas que lejos de generar crecimiento y desarrollo, hasta pueden frenarlo. ¿Cuáles son los errores que se cometen en las grandes organizaciones?

Las organizaciones micronacionales predominantes tienen modelos estructurales similares a los macroestatales. Tienen una estructura piramidal, con la figura de Secretario General en la cima y diversos funcionarios en medio, encargados de diferentes ámbitos del funcionamiento de la organización, que ejercen por períodos determinados de tiempo y tienen cierto grado de autonomía para decidir por su cuenta sobre políticas de la organización. Tanto la elección de cargos como el sistema legal se basan en la decisión de la mayoría; si de 10 personas 7 votan por una resolución o por un candidato, estos se aprobarán y pasarán a ser obligatorios para todos los miembros de la organización, por lo que habrá tres que serán forzados contra su voluntad a cumplir con una ley con la que no acordaron o responder a un funcionario al que no votaron, y sin necesidad alguna, pues de adoptarse un sistema de adhesión voluntaria los micronacionalistas podrían proponer y adherirse libremente a los diferentes reglamentos que pudieran surgir, así como designar según crean apropiado a delegados que los representen en uno u otro ámbito. Un sistema de redes de asociación voluntaria basadas en documentos aprobados por todas las partes permite a todas las micronaciones decidir igualmente sobre su destino, sin depender esto de la pertenencia o no a un grupo mayoritario dentro de la organización, y sin que ello vaya en perjuicio de la colaboración con diferentes círculos de micronaciones en diferentes aspectos. Por ejemplo:

Suponiendo que A, B y C son micronaciones miembro de la organización O: si A y B pero no C están de acuerdo en la adopción de una política X, A y B firman un documento al respecto, al que se puedan adherir otras micronaciones que acuerden; el hecho de que C quede excluida de este acuerdo no impide que B y C puedan firmar un acuerdo común estableciendo un reglamento común para adoptar la política Y, al que A no adhiere si no quiere; lo mismo ocurre si A y C acuerdan otra política común Z. Aquí todos los miembros pueden, estando en la misma organización, elegir qué políticas aplicar, mientras en un sistema como el que se aplica actualmente, la organización O adopta las políticas X, Y y Z, todas por mayoría, y todos los miembros deben acatarlas por igual; al mismo tiempo, si una micronación cualquiera sale de O por estar en desacuerdo con una política, pierde los beneficios de las otras dos (y de la colaboración con las otras micronaciones en la aplicación de estas políticas), por lo que se ve normalmente forzada a quedarse.

Además, aplicando tal sistema, dentro del mismo ámbito pueden surgir diferentes propuestas y alternativas sobre el mismo tema, por ejemplo, varios sistemas económicos diferentes, o varios instrumentos legales que regulen determinado aspecto, cosa que no pasa si toda la organización se debe decidir por una sola forma de hacer las cosas. Además de ofrecerse más alternativas y más libertad de asociación, al permitirse la adopción y prueba simultánea de varias formas de tratar determinado tema, es más fácil comparar y decidir la viabilidad o no de las mismas, en general y según los proyectos micronacionales particulares.

Esta es la lógica del micronacionalismo mismo, la de libre adhesión a proyectos políticos alternativos, pero aplicada a las regulaciones intermicronacionales.

Se podría decir en realidad que la estructura que se adopta en las grandes organizaciones es más propia de una micronación que de una organización de micronaciones; estas organizaciones son en realidad más similares a confederaciones en las que los miembros tienen un alto grado de autonomía, pero manteniéndose una especie de gobierno central. Este modelo no sirve para organizar al micronacionalismo, de la misma forma que ninguna macroestructura con muchas atribuciones es capaz de organizar tan alto número de individualidades o proyectos (que es la razón por la que las micronaciones, con sus ciudadanías reducidas, pueden organizar mejor a las personas que un Estado que gobierna a millones por igual).

No solo eso, sino que incluso se llegó a desarrollar “nacionalismos” de las organizaciones, cuando se formaron bloques definidos de micronaciones (sin más afinidad entre ellas que la pertenencia a una misma organización, pues realmente se daban casos en los que una micronación de un bloque era más parecida a otra del bloque antagonista que a las de la propia organización) que se criticaron entre sí y se aislaron diplomáticamente.

Al respecto y ya sin meterme en la estructura y funcionamiento interno de la organización, existe algo más que considero un error (aunque admito que alguna vez luché por ello), y es que las organizaciones micronacionales, que se han convertido en instituciones privadas y cerradas, aplican criterios dudosos para admitir o no a sus miembros. Criterios que muchas veces entran en choque directo con la naturaleza de los proyectos micronacionales, que se supone que es algo que debería ser respetado para garantizar el pluralismo y la tolerancia. Dudosos digo, pues muchas veces estos criterios ni siquiera tienen algo que ver con el buen funcionamiento de las organizaciones. Por ejemplo, aunque no esté escrito en ningún lado, cosas como la formalidad y elegancia de las micronaciones, desde la que se ve en los símbolos patrios hasta la que muestren sus representantes en su forma de hablar, influyen de alguna manera en la postura de los miembros de las organizaciones ante la petición de entrada de una nueva micronación. Otra cosa por ejemplo es qué tan “realista” es una micronación; si hay dos micronaciones sin territorios bajo control efectivo, pero una dice tener un territorio en un continente supuestamente ganado en una guerra de independencia contra una macronación, y otra dice tener un territorio en el espacio exterior ganado en una guerra contra un imperio galáctico alienígena, es probable que la primera sea reconocida sin más problemas, y la segunda sea tachada de “no seria”, de juego, de nociva para el micronacionalismo incluso, cuando en los hechos ambas son exactamente lo mismo. Esos son criterios puramente estéticos, que no influyen en el desempeño de la micronación ni de la organización a la que pertenezca, pero sí contribuyen a dar una imagen de organización, quizá, más “madura” (léase, más tradicionalista y cerrada, y si se quiere, más parecida a las organizaciones macronacionales y por eso más “seria”).

Y además de esos, existen otros criterios que gozan de más popularidad entre los micronacionalistas, que pretenden mostrarse como influyentes en la actividad y concordia micronacional, pero no lo son, y hasta pueden tener el efecto contrario. Esos son los que definen a la típica “micronación seria”: las micronaciones tienen que respetar los derechos humanos, tienen que ser democráticas, tienen que tener una constitución o un sistema legal, símbolos nacionales, etcétera, etcétera (incluso, y esto no con una micronación hispana sino lusófona – porque esto ocurre en todos los micronacionalismos – me han pedido como muestra de “seriedad” que antes de firmar un tratado adhiriera a instrumentos del derecho internacional macroestatal!).

Y si digo que estos requerimientos no son relevantes para la concordia micronacional es porque incluso si se trata de las micronaciones probablemente peor vistas, las micronaciones fascistas y estalinistas, éstas siguen siendo micronaciones, y por lo tanto imagino que la gente es libre de decidir no entrar o salirse de ellas si valora sus propios derechos, por lo que nadie que no quiera ser perjudicado lo resultará; eso sin contar que micronaciones democráticas pueden sin duda tener actitudes imperialistas y bélicas, y que la ambición de apropiarse del mundo no es intrínseca a las ideologías totalitarias.

Este modelo de micronación ideal es prácticamente una copia del modelo de Estado más común hoy en día. Nuevamente, da la impresión de que las micronaciones tienen que ser macroestados pequeños para ser “serios” y aceptados, y en una u otra ocasión hasta han sido usados por quienes se atribuyeron el derecho de definir qué es y qué no es una micronación para despojar de su legítimo título a las micronaciones que no se unieran a la corriente mayoritaria.

Este filtro innecesario no sólo es infundamentado y consume tiempo y esfuerzo, sino que además resulta nocivo; es evidente que, cuando menos, genera división entre las micronaciones hispanas. Aunque quizá no lo parezca, el reconocer, no digo colaborar activamente, pero sí reconocer y brindar las mismas oportunidades a micronaciones diferentes es fundamental para que el movimiento en general crezca, y con él cada tipo de micronacionalismo en particular.

En primer lugar ningún tipo de micronacionalismo prosperará por sí solo más que si todas las micronaciones de todos los tipos se integraran en un movimiento único. El micronacionalismo está bastante poco difundido a nivel general entre los macroestados, y centrar los esfuerzos en remarcar las divisiones no hará que la situación mejore. Por el contrario un movimiento unificado tiene posibilidades de éxito mucho mayores. Y al dar a conocer el micronacionalismo, se dan a conocer todas las micronaciones, en todas sus variantes, por lo que cada una de ellas se ve beneficiada. Por otro lado, el unificar a las micronaciones en un solo ámbito en el que se puedan comunicar e interrelacionar facilita no sólo la localización y contacto con micronaciones afines, sino también el intercambio de opiniones y el debate entre micronaciones de diferentes corrientes. Esto, como cualquier debate entre partidarios de diferentes posturas, ayuda a un entendimiento más completo de los distintos proyectos, y permite incluso aprender cosas que se pueden aplicar a las propias micronaciones, porque más allá de las diferencias, siempre pueden existir puntos comunes entre dos proyectos mayormente distintos, y el extenso contacto con una gran variedad de proyectos puede además traer nuevas ideas y enfoques que no hayamos considerado antes y que, siendo adaptadas a nuestras micronaciones, pueden favorecer al desarrollo. Y no solo eso; de hecho siempre existe la posibilidad de que un tipo de micronación que inicialmente tiene una orientación cambie su rumbo y adopte otra. Sin ir más lejos, yo llegué al micronacionalismo liderando un imperio, y solo me decidí por formar una república democrática luego del contacto activo con otras micronaciones, para mantener desde entonces a la democracia como eje central de mi actividad micronacional. Imagino que incluso comenzaron así varios de los proyectos que hoy pueden ser considerados referentes micronacionales por su nivel de desarrollo y compromiso. Siendo dicho todo esto, aún cuando dos proyectos distintos jamás colaboren entre sí de ninguna forma, y a diferencia de lo ocurrido con las organizaciones actuales, el pertenecer a la misma organización que otra micronación no obliga a adoptar las mismas políticas ni el mismo rumbo, y las características de un proyecto no tienen ninguna incidencia en los demás (cosa que sí ocurre cuando entre todos deben votar por una única opción y la mayoría impone innecesariamente su voluntad forzando a los sectores minoritarios a torcer el rumbo o abandonar la organización).

En resumen, el modelo actual de organización no logra ni logrará promover, difundir, organizar o potenciar eficientemente al micronacionalismo, y son necesarios varios cambios de base para lograr una organización óptima:

Libre adhesión a las políticas, designación libre y particular de delegados y representantes por parte de cada micronación, y la consecuente multiplicidad de alternativas en cuanto a la reglamentación de cada aspecto de la vida micronacional. Reemplazo de las estructuras jerárquicas intermicronacionales por una estructura horizontal, con la asociación voluntaria y no la imposición como base de la organización.

Pluralidad de proyectos micronacionales, objetividad en la toma de decisiones y respeto por las diferentes micronaciones, para asegurar la coexistencia pacífica.

Fusión de las organizaciones micronacionales, no en una gran organización jerárquica, sino en una red libre e interconectada de micronaciones, que base su funcionamiento general en un espacio abierto y común de debate, información y organización, en un foro, una página o cualquier otra plataforma, facilitando el contacto intermicronacional general para luego poder desarrollar relaciones bilaterales más adecuadas si es necesario y fortaleciendo la noción de movimiento unido ante el exterior.

Pero si las organizaciones de hoy son tan nocivas, ¿qué sentido tendría fundar una nueva gran organización que intente unir a las micronaciones? ¿No es más de lo mismo? ¿No sería mejor directamente dejar a las micronaciones desligadas de cualquier organización y que se organicen por sí mismas?” En realidad una nueva organización concreta sería de todas maneras necesaria, ya que si bien aglutinar a las micronaciones sin criterios adecuados no ayuda, tampoco lo hace desarticular completamente el movimiento, pues eso causaría más división y lo llevaría a desaparecer rápidamente. No sirve desorganizar a las micronaciones, sino reorganizarlas. En todo caso va a ser necesaria la presencia de gente que se encargue de construir este espacio común y fomentarlo, darlo a conocer. Y no será suficiente con eso; siempre respetando la libertad de las micronaciones, es importante mantener este espacio en condiciones para que la actividad intermicronacional que en él se desarrolle sea óptima. Difícilmente resulte atractivo ni útil un lugar en el que existen montones de micronaciones pero reina la inactividad, o en donde hay gente que se intenta “adueñar” del micronacionalismo. Por eso propongo solo dos tipos de intervención “superior”, que lejos de refrenar el crecimiento micronacional, deben servir para garantizar que las micronaciones mismas no lo hagan, y mantener todo en las mejores condiciones para favorecer el desarrollo:

Reglamentación referente a la actividad: Puede haber infinidad de proyectos, pero ninguno puede escapar al hecho de que tienen que tener continuidad en el tiempo para existir, por corta que sea. La actividad de una micronación, por eso, puede ser mantenida con independencia absoluta del proyecto que se haya elegido, por lo que es algo que se puede exigir, como simple muestra de compromiso. Por otro lado, el mantener publicaciones o registros antiguos junto con los recientes, o que figuren micronaciones inactivas junto a las activas, entorpece y dificulta la utilización del que sea el espacio común intermicronacional. Por lo tanto es conveniente borrar todo tipo de registro inútil o irrelevante, entre ellos, las micronaciones que durante cierto tiempo no hayan presentado actividad, para que permanezcan solo las que sean activas. Sería ideal también desarrollar un proceso que permita realizar esta tarea de limpieza fácilmente y que elimine la necesidad de establecer un tiempo mínimo de existencia antes de empezar a participar, pues micronaciones que originalmente y por sí solas no tendrán mucho éxito, pueden convertirse en importantes micronaciones en el futuro gracias a la interacción con otros y la intervención en proyectos colaborativos.

Detener intentos de intervención ilegítima: El garantizar libertad e independencia generales no consiste en permitir que todos hagan lo que se les dé la gana, sino de asegurar que todos por igual tendrán las mismas oportunidades de desarrollarse, con la máxima libertad posible, pero sin interferir con la de otros. La integridad de las micronaciones es esencial para que puedan ejercer su libertad. Por eso, es importante para mantener la libertad de las micronaciones frustrar cualquier intento de injerencia ilegítima de una micronación en otra. Esto incluye desde una intromisión en la política interna, hasta las guerras. Debe ser tratado como intervención ilegítima cualquier acto que influyera en una micronación cuando esta micronación no esté de acuerdo. Por lo tanto no debe ser confundida con la noción de paz intermicronacional; pues puede pasar, como ya ha ocurrido, que dos micronaciones se involucren, ambas voluntariamente, en una guerra, ficticia o no, caso en el cual al haber acuerdo mutuo no existe una intervención no autorizada. En cambio, una invasión de una micronación a otra sí debe ser refrenada. Este punto mismo supone de hecho interferir sin autorización en la actividad de otra micronación, pero como únicamente se daría como último recurso y para evitar otra interferencia, es justificable y ha de ser la única excepción que se permita.

Al no haber estructuras jerárquicas, estas medidas deben ser forjadas de común acuerdo entre los miembros mismos.

Para finalizar, al tratarse esta de una organización/red para el micronacionalismo, existe un último punto que es sumamente importante para asegurar la continuidad del mismo. Esto es, la difusión del micronacionalismo mismo, como movimiento, en el ámbito hispano. Dentro de esta organización surgiría un grupo de micronacionalistas cuyo objetivo sería ese, el de dar a conocer esta actividad macronacionalmente, para favorecer la llegada de nuevos micronacionalistas y micronaciones y su contribución a este movimiento. Este es un punto en el que mayormente han estado fallando o han ignorado las organizaciones micronacionales actuales, y que no debería perderse de vista para asegurar estabilidad y actividad permanente, y eliminar el fantasma de la inactividad, un problema que ha castigado al micronacionalismo desde siempre.

La división y los problemas internos son un obstáculo mayúsculo para el desarrollo micronacional general, y el de cada uno de los diferentes tipos de proyecto micronacional. La única esperanza que tiene el micronacionalismo para despegar de forma definitiva y convertirse en un movimiento fuerte es abandonar las diferencias irrelevantes que tantos problemas y enfrentamientos han causado hasta ahora, conciliarse y trabajar en una misma dirección centrándonos en las similitudes sin dejar de respetar las diferencias. Y necesitamos una nueva forma de organización que lo posibilite y permita al movimiento avanzar al siguiente nivel.

La América Mexicana y un reclamo ilegítimo

13 junio, 2011

Hace unos días, con motivo del cambio de escudo del Imperio Moriel, el Imperio de la América Mexicana hizo un llamado a reconsideración para que Moriel cambiara su escudo, debido a la falta de conexión histórica o cultural de esta micronación con el símbolo que utilizaba en su emblema nacional, el águila mexicana. Esta noticia no me preocupó demasiado, pues por lo que veía se trataba, simplemente, de una petición amistosa, sin demasiado peso, que los medios oficiales morielíes calificaron (ahora veo que no tan erróneamente) como una exigencia y una intromisión ilegítima. Sin embargo, me despertó cierto rechazo el hecho de que la América Mexicana basara su postura “en el derecho”, y la calificara de “derecho exclusivo” de su micronación, pese a lo cual decidí no emitir palabra, esperando que las cosas avanzaran y que el problema quedara atrás.

Ante la negativa de Moriel a hacer el cambio pedido, sin embargo, el gobierno anahuacense decidió cortar relaciones diplomáticas, y emitir una serie de comunicados que considera la decisión de Moriel de alguna manera como un ataque a su símbolo nacional, y a su pueblo, y sigue reivindicando supuestos derechos, con toda la intención de mostrar como legítima su, ahora sí, exigencia, con el claro objetivo de presionar al gobierno morielí para que actúe conforme a la voluntad del gobierno imperial mexicano. Este gobierno demostró que, lejos de abogar por la concordia entre ambas micronaciones, está dispuesto a tomar este tipo de medidas exageradas y añadir presión a la situación para lograr lo que quiere.

Creo importante aclarar, por cosas que se han dicho, que por mi parte no he tenido ningún contacto con el gobierno de Moriel sobre este tema, ni comprendo ni apoyo su decisión de mantener el nuevo escudo casi sin justificación alguna, comprometiendo así de forma innecesaria la paz intermicronacional. Entiendo de cierto modo la posición del gobierno de la América Mexicana, entiendo sus profundas conexiones históricas y culturales con los símbolos mexicanos, y entiendo que Moriel no tiene ninguna, y por lo tanto podría ser reemplazado fácilmente.

Ahora bien, sin duda el Anáhuac tiene mil razones más que Moriel para utilizar el águila mexicana en sus emblemas nacionales, pero no tiene una sola razón para hacer tal planteo al gobierno morielí. No tiene derecho a exigir tal cambio.

El gobierno del Imperio Mexicano habló siempre de un presunto “derecho exclusivo” al águila mexicana por parte de su micronación; ahora bien, no conozco ninguna fuente del derecho, ningún instrumento, ningún documento, que sea aplicable a nivel intermicronacional y que rija de esta forma sobre los símbolos macronacionales, su uso y quién los regula, así que es de suponer que dicho derecho solo está establecido en leyes anahuacenses, las cuales no tienen ningún tipo de autoridad del Imperio hacia fuera, por lo que me atrevo a decir que tal derecho de exclusividad a nivel intermicronacional no existe en realidad.

Y si tales documentos existieran y tal derecho fuera establecido, me opondría totalmente a ellos. Pues, y ya he hablado de esto en un pequeño debate que hubo en la OMU al respecto de los símbolos macronacionales, me parece poco serio que una micronación que haya decidido tomar este símbolo seguramente sin permiso expreso por parte del verdadero dueño del águila mexicana, el pueblo mexicano, ni de su único representante político, los Estados Unidos Mexicanos, se dé el lujo de tomarlo como patrimonio propio e intentar regular su uso en el micronacionalismo. Distinto sería si el símbolo hubiera sido creado por el gobierno micronacional, como ocurre con la mayoría de las micronaciones, pues en tal caso tendría total derecho a regularlo. Pero por más lazos que haya entre la micronación y el símbolo macronacional, no se puede negar que la América Mexicana adoptó el símbolo según su propio criterio, y no porque su legítimo propietario le haya cedido la propiedad del mismo. No sé si todos los mexicanos estén de acuerdo en ser representados por una micronación imperial, por ejemplo, ni creo que se sientan todos identificados con este proyecto micronacional, ni con el Imperio Mexicano al que éste hace alusión. El Anáhuac se ha apropiado de símbolos macronacionales, y por lo tanto ajenos, para usarlos según un criterio propio. Y al haber hecho esto, no puede criticar a otra micronación por hacer exactamente lo mismo, y pedirle que desista de su actitud.

La postura que mantiene el gobierno de la América Mexicana no está fundamentada más allá de derechos inexistentes y una autoproclamada autoridad sobre un símbolo macronacional, y parece más una simple actitud de celosía por un símbolo que usa, que un reclamo legítimo.

Al día de la fecha, la América Mexicana, pese a demostrar esta actitud poco agradable, únicamente ha hecho uso de su legítimo derecho a la administración de sus relaciones exteriores. Esperemos que este problema no trascienda más allá de lo debido y que este reclamo ilegítimo no llegue a mayores.

Las micronaciones, el patriotismo y la política de masas

2 febrero, 2011

Ayer ya se solucionó el tema del juicio a Vahal y Navas, pero este suceso me ha hecho pensar debido a qué se pudo haber originado todo. Lo cierto es que dos ciudadanos que han estado siempre en Timeria, hoy se encuentran trabajando también en el gobierno asgario, aunque sin dejar sus puestos ni sus responsabilidades en Timeria; pero como no dedican la totalidad de sus esfuerzos a esta última, hay gente que ya la consideró traidora a su patria.

Esta situación me hizo recordar que ese tipo de pensamientos resulta ser bastante propio de personas que ven al Estado como una entidad independiente que sus ciudadanos deben mantener en conjunto, hacer crecer, y cuyos intereses deben hacer propios; como una entidad que se encuentra separada de su población y por encima de las personas individuales y sus deseos. Esta es una visión que no tiene fundamento, una visión basada en el patriotismo.

El patriota cree en un país con vida propia, con intereses propios e independientes de los de su ciudadanía, que deben ser atendidos por todos los ciudadanos, quienes deben honrar símbolos y sentirse pertenecientes incondicionalmente, sin razón alguna. Los gobiernos y los patriotas trabajan para mantener y extender esta ilusión. El patriotismo es sólo un sentimiento, no es racional; sus víctimas tienen inculcada una visión deformada e irracional de su sociedad y su Estado que le impide ver con claridad la realidad que las rodea.

En el micronacionalismo tal cosa no se extiende a todas las micronaciones, y tiene menos fuerza que en el mundo macroestatal, pero hechos como el último ocurrido en Timeria demuestran que hay patriotas de las micronaciones en el movimiento, que ponen a la micronación por sobre la causa – al medio por sobre el fin (seguramente el trabajo que Navas y Vahal realizan en Asgaria no difiere del que realizarían en Timeria, son las mismas personas con las mismas ideologías y contribuyen de la misma forma al micronacionalismo) y que creen en la superioridad de los intereses nacionales por sobre los derechos de sus ciudadanos, en este caso concreto el derecho a elegir para quién trabajar y a qué micronación pertenecer.

Al respecto, el micronacionalismo no debe crear “minimacroestados” para que uno elija de entre ellos dónde vivirá siempre; el micronacionalismo debe abolir el macroestatismo, y con él el patriotismo y la noción de patria única y ligada íntimamente a la persona. ¿De qué sirve, después de todo, elegir en qué micronación estar, si finalmente uno deberá servir siempre únicamente a ésta y honrarla sin importar los cambios que haya en la misma y cómo se viva en ella? Un micronacionalismo integrado de naciones basadas en consumir individualidades y mantener dominada a su población usando sus sentimientos no es tanto una solución como una justificación del macroestatismo. “Como no es bueno que nazcas y ya haya alguien que te lave el cerebro y te utilice para satisfacer sus intereses, entonces tendrás el derecho a elegir quiénes lo harán.” Supongo que es una mejoría, pero no estamos solucionando el problema más grave. No hay que quedarse con un avance, hay que avanzar constantemente. Por esto el micronacionalista no debe someterse al patriotismo, ni promoverlo; debe luchar al contrario por eliminarlo, puesto que este sentimiento no es más que un instrumento de control, diseñado para coartar las libertades individuales engañando a los ciudadanos para que pongan los intereses de un Estado por delante de los suyos propios y los del resto de las personas.

Ahora bien, qué podría ser lo que posibilita que los micronacionalistas consideren promover este amor por una micronación? Existen micronaciones que se construyen (al menos aparentemente) sin objetivos concretos, más que el de crear un país y hacerlo crecer; esto se traduce en hacer publicidad abierta y con un atractivo vacío, acumular sin ningún tipo de criterio gente llegada de todas partes y empezar a funcionar cada vez más como un macroestado, con más gente, más leyes, más restricciones, más pugnas, más problemas (me hago cargo, pues yo impulsé este modelo de micronación durante bastante tiempo antes de pensar en sus fallas). Pareciera que no siempre las micronaciones suponen proyectos realmente alternativos; da la impresión de que a veces algunas micronaciones funcionan simplemente como otras opciones dentro del mismo juego macronacional. 

Este tipo de micronación, cuya población, al carecer de una línea de pensamiento determinada, carece también de cierta cohesión, es más susceptible de desarrollar una política de masas, que incluye, entre otras cosas, la difusión del patriotismo. Cuando no existe una causa común a la que atiendan los ciudadanos de una micronación, es necesario crear lazos artificiales (y por lo tanto, completamente innecesarios) entre país y ciudadano para evitar la emigración masiva poco tiempo después. Y difundir patriotismo es una de las formas más efectivas de crear este lazo, esta dependencia ilusoria que mantendrá unida a la micronación y prevendrá su caída y disolución, a costa de la libertad del ciudadano.

Es por esto que no creo que esta política masiva sea compatible con el micronacionalismo secesionista. Las micronaciones secesionistas fueron creadas para reparar errores macroestatales, no para reproducirlos. El objetivo de la política es lograr el bienestar de una sociedad; los macroestados han vivido fallando y demostraron en sus siglos de existencia que su modelo de masas y grandes naciones no puede ni de una forma ni de otra brindar bienestar a todos sus ciudadanos. Nosotros estamos aquí para remediar sus errores; ¿Cómo podemos entonces repetir el camino que ellos han transitado? Aplicar políticas similares llevará al micronacionalismo, si este tiene éxito, a convertirse en una nueva generación de macroestados, más pequeños, donde la gente tiene mayor peso en las elecciones, pero macroestados al fin, donde la única participación ciudadana consiste en elegir a quién regalar los derechos políticos durante el próximo período, donde se debe permanecer encadenado a los intereses de un país para no ser un enemigo de la patria, donde poblaciones diversas son embolsadas en un único país y luego, para seguir funcionando dentro del mismo, deben ser manejables para su gobierno, y si no, son personas despreciables y obstáculos para el crecimiento del país. No creo que eso sea lo que queramos… Si queremos solucionar los problemas macronacionales, replicar las condiciones necesarias para que estos se desarrollen no es una buena opción.

Navas y Vahal, inocentes

1 febrero, 2011

Hoy me alegré al leer en EI que los dos ciudadanos timerios que habían sido acusados de “traición a la patria” fueron declarados inocentes por la justicia micronacional. Todo esto ha ido demasiado lejos, el acusar de traición a compatriotas por simplemente comportarse como ciudadanos libres que son, está muy lejos de ser correcto, y es una actitud autoritaria, que atenta contra los derechos personales.

Ya he dicho esto antes, pero me parece bueno repetirlo, y es que cada persona tiene derecho a elegir con qué micronaciones colaborar, de hecho es uno de los conceptos fundamentales que contribuye a la formación de las micronaciones (“todas las personas tienen derecho a elegir su patria”), y estas medidas, que intentan limitar y de cierta forma “apropiarse” de la voluntad de los ciudadanos, a mi forma de ver están más cerca del macroestatismo que del espíritu de libertad y respeto que debe regir en las micronaciones. Esperemos que estas cosas no se repitan.

Posible reforma en Virtual Kingdom

28 enero, 2011

Hace poco leí en Virtual News, el periódico oficial de Virtual Kingdom, sobre la propuesta de reforma realizada por su primer ministro, Ciro Morales, de eliminar el régimen partidario para dar una libertad mayor al sistema político, permitiendo la presentación de candidatos independientes y terminando con la necesidad de afiliarse a un partido que englobe ideológicamente a las personas. Hoy mismo ví que se ha aprobado el inicio de sesiones extraordinarias para tratar esta reforma.

 Espero que todo salga bien y la reforma se pueda llevar a cabo, pues lo veo como un cambio positivo, que supone un paso adelante en lo que respecta a las libertades de los ciudadanos y en la separación respecto del macroestado, y como un ejemplo a seguir, al volver la mirada a los objetivos fundamentales de la micronación. Mis mejores deseos a Morales y su nuevo proyecto.