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Aceptación de las realidades micronacionales y digitalismo práctico

29 marzo, 2012

Estuve leyendo el debate que se estuvo dando sobre el digitalismo y el somatismo en estos días, la verdad que me pareció un debate interesante hasta donde llegó como tal, con muy buenas intervenciones, variadas, algunas con las que concuerdo más y otras menos, pero en fin, me gustaba cómo empezó todo. Quería esperar un poco y preparar un análisis más detallado sobre algunas cuestiones de las que quería hablar, pero viendo cómo todo se volvió un desmadre de insultos decidí opinar ahora, para dejar más o menos clara mi posición particular. Seguramente me deje algo olvidado porque voy a escribir como se me vayan ocurriendo las cosas, por la misma razón mi redacción seguramente no será la mejor, pero no puedo esperar. Por un lado no me voy a arriesgar a que me metan en bolsas a las que no pertenezcom a la vista de cómo se dan las cosas; por otro lado puede ser (y espero) que algo de lo que diga reanime el debate y se pueda tratar la cosa de forma seria otra vez. Primero hablaré sobre la supuesta autoridad sobre las definiciones y clasificaciones micronacionales, y luego sobre el digitalismo actual y su incapacidad para plantear una alternativa, así como la necesidad de adoptar un nuevo digitalismo práctico.

Quiero empezar a hablar en primer lugar sobre el tema de qué es y no es micronación, y que es micronacional y anti-micronacional, cosa que siempre sale de algún u otro lado en este tipo de debates. Yo ya mencioné por qué ninguna entidad micronacional, sea del tipo que sea, tiene hoy por hoy  autoridad ni derecho para legislar sobre estas cosas, y concluí que el micronacionalismo está conformado más allá de cualquier definición “de derecho”, es un fenómeno que nace desde la gente misma y no está sujeto a ningún tipo de autoridad. No está demás repetir por qué es así, vamos, todas las micronaciones son proyectos que fueron fundados de la nada, sin pasar por la verificación de ninguna entidad emisora de certificados de micronacionalista, todos vinieron y dijeron “yo soy micronación” así sin más. Como mucho nos guiamos por otros proyectos, que también fueron fundadas de esa manera. ¿Cuál es la autoridad oficial entonces? Hasta ahí sabemos que no hay, por lo menos en la actualidad. La prueba más clara es que si hubiera tal cosa no existiría discusión sobre qué es o no micronación, micronacional, etc…

Eso no quiere decir que nunca vaya a haber autoridad, después de todo siempre se puede crear una autoridad mediante el consenso, que así es como surgen todas las autoridades. Pero ¿qué consenso se puede obtener si los que estamos en el círculo OMU-UME-los que odian a la OMU y a la UME, digo, los que sabemos los unos de los otros de largo tiempo y tenemos posibilidad de consensuar, somos una ínfima parte del universo micronacionalista? Suponiendo incluso que todos nosotros nos pongamos de acuerdo siempre van a estar los cientos de micronacionalistas que se llamen a sí mismos micronacionalistas, y allá fue nuestra autoridad. Porque somos minoría, y el apoyo de la mayoría es lo mínimo necesario para erigirnos como autoridad. Y esa mayoría hoy es de un simulacionismo radical. Y todo eso sin contar que el puñado de micronacionalistas que somos nosotros ni siquiera se puede poner de acuerdo entre sí sobre estas cosas.

Dicho sea de paso, este simulacionismo surgió con fuerza cuando surgió la Internet, que da una facilidad extrema para crear micronaciones, por lo que tampoco podemos esperar desterrarlo de ninguna manera. Yo no sé si algún día el boom de las micronaciones simulacionistas se acabe y el micronacionalismo tenga una cara diferente al público general, pero sé que no va a ser gracias a nosotros si acaba, y que no tenemos ni derecho ni poder, para hacer algo al respecto. Con todo esto voy a que el simulacionismo en todos sus grados llegó y se queda hasta que factores externos determinen su fin, y lo único que podemos hacer nosotros ahora es aceptarlo como micronacionalismo que es, y partir de esa realidad para construir nuestros conceptos y actividades. El micronacionalismo anglosajón que muchos toman como modelo tiene una categorización que recoge a todas las micronaciones posibles como tales. Esto es imprescindible si se quiere lograr consenso. Antes de intentar cambiar la realidad a partir de las ideas, estudiemos la realidad, veamos nuestra situación y organicemos en base a eso. Es lo único que puede derivar en algo productivo.

Con esto desde ya no quiero llamar la atención sólo a los somatistas que dicen que las micronaciones simulacionistas (¿digitalistas?) no son micronaciones, sino también (y esto me parece más extraño) a los simulacionistas que dicen que las micronaciones más simulacionistas no son micronaciones. Porque ya tocó ver varias veces que cuando uno critica esa división entre el que simula poco y el que simula mucho, aunque todo lo que hay de respuesta son argumentos subjetivos y basados en impresiones personales, la cosa sigue igual. Lo que es “un poco” y lo que es “mucho”, curiosamente, depende por lo general del grado de simulación del propio proyecto. Así es que hace tan poco como 3 o 4 años, cuando entré yo al micronacionalismo, la simulación era aceptable si se incluían tanques y barcos en guerra, pero no si se incluían naves espaciales. Hoy es aceptable si se incluyen edificios y plazas, pero no si se incluyen tanques y barcos en guerra. Eso no es medición objetiva, es opinión personal, y esos límites que se plantean no sirven en absoluto para conceptualizar sobre el micronacionalismo, clasificar al micronacionalismo y pretender obtener consenso. Así es que los límites dentro del simulacionismo son una cuestión extremadamente difusa e imposible de definir, y siempre lo serán. No lo digo con el fin de intentar deslegitimar a las micronaciones simulacionistas, todo lo contrario, querámoslo o no, como ya dije, el simulacionismo es micronacionalismo. Esto por supuesto no quiere decir que tengamos que llevarnos bien con todos los otros micronacionalistas ni mucho menos, sino admitir las realidades para poder empezar a movernos de verdad.

En resumen, tenemos un mundo micronacional diverso en donde predomina el simulacionismo de todo tipo, y es en ese mundo donde existimos y debemos actuar. Es ese el mundo que debemos clasificar y estudiar cuando demos definiciones, alrededor las cuales construiremos organizaciones, bloques y uniones, y en definitiva llevaremos adelante toda la vida del micronacionalismo.

Dicho esto, y en segundo lugar quería hacer autocrítica del digitalismo. No se puede negar que el micronacionalismo digitalista, como formador de alternativa, viene haciendo demasiado poco. Pero creo que sí es posible conformar una alternativa real desde el digitalismo, en el sentido en que lo entiendo yo, con el que seguramente otros no concuerden.

Antes que nada, la territorialidad a mi parecer no es ningún indicador de cambio, yo puedo independizar mi habitación formalmente y quedarme en eso toda la vida, que tampoco es oposición de ningún tipo al macroestado y los macroestatistas – no digo esto porque crea que las micronaciones somatistas no hacen nada ni nada parecido, nada más alejado de la realidad, yo sé que trabajan bien duro por sus proyectos, aclaro por las dudas, pero a lo que voy en cambio es que juzgar a una micronación por su plataforma principal de interacción no tiene tanto sentido como hacerlo en función de la actividad útil que estas generen. En nuestro caso, para plantear una alternativa a los macroestados, en otros casos para cumplir los objetivos micronacionales de cada uno.

Yo soy digitalista, me defino como digitalista, y creo que el digitalismo es un modelo en el cual las micronaciones se conforman sobre una base social antes que territorial, sin dejar necesariamente fuera del ámbito micronacional la vida física, siendo posible conformar micronaciones que funcionen como redes de ciudadanos interconectados actuando cada uno en su propio radio de acción territorial en pos del objetivo micronacional. Y es este tipo de micronación el que a mi criterio tiene mayor posibilidad de conformar una alternativa en todos los sentidos.

No me voy a meter con la definición de secesionismo, qué es y qué no es secesionista, porque aunque hasta donde sé todos los autodenominados secesionistas sí estamos conviviendo en un mismo ámbito, y podríamos llegar a consenso sobre estas definiciones como lo hay en otros lados sin entrar en conflicto con nadie, dudo que se pueda lograr con tan poca voluntad de debate. En años no hubo consenso con qué es micronación y qué no, y no lo va a haber con esto. Por ahora las definiciones son para problema así que etiquetas aparte, yo me termino de decantar por un micronacionalismo que impacte en el macromundo para constituir una alternativa, o por lo menos se mantenga en ese camino, el de lograr una independencia y autonomia progresiva respecto del macromundo.

Yo simulé y eso fue casi mi única actividad en el micronacionalismo durante mucho tiempo, pero llegué a la conclusión de que el simular por simular, como objetivo en sí y como totalidad de la actividad micronacional, debe quedar desde ya descartado como medio para la secesión de ningún tipo, y en realidad creo que hablo por todos al decir esto. Es que simplemente el mantenerse completamente aislado del macromundo no es forma de cambiarlo, y de eso entienden quienes aunque simularan economías y territorios también llevaron a cabo actividades macroestatales. El primer ejemplo que se me viene a la cabeza es el Reino de Buenos Aires, que creó una bolsa de trabajo en donde recopilaba trabajos disponibles en la provincia argentina para brindar un servicio real a la comunidad. Así, me parece deseable un digitalismo práctico en el que ciudadanos alrededor del mundo con un mismo objetivo intercambien recursos para lograrlo (en nuestro caso, recursos para la independencia respecto del macroestado, como información, y en los casos que sea posible bienes y servicios), sin estar atados a un lazo territorial, pero sin dejar la territorialidad de lado.

Ahora, más allá de reconocerlo, queda consolidar este digitalismo práctico, que si existe es más que nada como proyecto, y cuyo desarrollo en todo caso es ínfimo. Demasiado tiempo se pierde en cuestiones formales, muchas veces irresolubles, cuando tenemos la posibilidad de trabajar de forma mucho más producente. Queda organizar iniciativas que permitan llevar adelante este tipo de digitalismo tanto a nivel local como intermicronacional. Quizá para eso primero sea necesario también replantearnos las categorías actuales, que son excluyentes y propensas a causar choque en lugar de consenso; ninguna actividad coordinada a gran nivel entre las micronaciones tendrá mucho éxito sin un marco común que tome como base a la realidad y desde el cual se pueda organizar la acción micronacional.

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